Buen viaje, presidente

La semana pasada nos golpeó la noticia de la muerte de Emilio Botín. Inesperada. Rotunda. Fuera de agenda. Sin preaviso. Un golpe del destino. Un revés sin sentido. Sorpresiva. Sin aliento. Un shock. Se paraliza el corazón del presidente. La noticia es un puñal de hielo que congela el ánimo de la gente del Santander.

La muerte es así. Un escalofrío. Implacable. Nos recuerda nuestra fragilidad. Nos iguala. Nos convierte de nuevo en polvo. También a los más ricos y poderosos. Emilio Botín ha emprendido su último viaje, el que le conducirá a su última rendición de cuentas. Quien tantas cuentas de resultados ha presentado ante accionistas y mercados, ante clientes y empleados, se enfrenta ahora a su último momento. No lo veremos. Ni tan si quiera podremos intuirlo. El balance final se rige por principios contables que son ajenos a nuestro mundo.

ISAVIA_Emilio_Botin_Banco_Santander

 

Lo único que nuestro conocimiento alcanza es lo que acá hizo. Nos queda su testimonio, el recuerdo de sus palabras, la fuerza de su liderazgo y la evidencia de su resultado. Un ejemplo de vida y un modelo de éxito y responsabilidad.

 

Resulta obvio que todo en la vida es opinable. Hay quienes critican a Botín y personifican en su figura la maldad de un capitalismo salvaje y frío que actúa sin alma. Se empeñan en adjudicarle un perfil antipático y un estilo autoritario. Son trazos demasiado gruesos pintados con brochas desinformadas, cuando no mal intencionadas.

 

Botín ha impulsado y liderado el crecimiento del que hoy es el mayor grupo financiero de España y la eurozona, y uno de los primeros del mundo. Aquel viejo banco regional que heredó de su padre lo ha convertido en una corporación multinacional que trasciende a la identidad española, aunque eso no haya impedido a Emilio Botín ser uno de los mayores y más comprometidos embajadores de la marca España.

 

Curioso y cainita sería nuestro país si no reconociera en una figura de tal magnitud un motivo de orgullo. El mío lo tiene. Pero no pretendo glosar su biografía. Poco o nada nuevo podría aportar. Lo que quiero es recoger algunos aspectos menos conocidos y notorios para el gran público.

 

Quienes han conocido a Emilio Botín de cerca, hablan de una persona cercana, activa, rigurosa, emprendedora y alegre. Quería tomar el pulso de la calle de forma directa. Sin intermediarios. Pisando tierra. Por eso, desayunaba con directores de sucursal a quienes escuchaba. Doy fe de ello porque me lo han contado varios de esos directores, sorprendidos por la naturalidad y campechanía de su trato.

 

La gente del Grupo Santander habla con cariño y admiración de su presidente. Le sienten cercano. Propio. Uno de los suyos. No pueden decir lo mismo en otras muchas organizaciones. A Emilio Botín le gustaba su trabajo, y contagiaba pasión y acción. Actitud y entrega. Por eso, no hay quien gane al Santander en orgullo de pertenencia.

 

Ha exhibido el rojo en su corbata, y su propuesta ha calado como código de vestimenta que es “uniformidad voluntaria o por adhesión” para todos los integrantes del grupo financiero. Puede que no sea tan libre esa elección de corbatas (u otras prendas de complemento), pero en el fondo, el resto de entidades envidian semejantes gestos de alineamiento y orgullo.

 

Porque si algo caracteriza al Grupo Santander es su espíritu como equipo único, su ambición y expansión comercial y la calidad con la que gestiona sus riesgos. En todo ello tiene mucho que ver la figura de Botín. Porque pocas entidades hay tan grandes en las que el carácter y liderazgo de una sola persona haya impregnado tanto.

 

Ha gestionado la comunicación y la imagen pública como pocos. Ha sabido estar al frente y dar la cara cuando se precisó. El Banco Santander no ha precisado un solo euro de rescate, pero sí ha sabido aportar su cuota correspondiente de solidaridad en la constitución de la SAREB.

 

Comunicacion_Emilio_botín

El liderazgo y management desplegado por Emilio Botín ha sido enorme. Y también en este terreno ha sabido leer los nuevos tiempos. Lo hizo cuando incorporó como responsable de comunicación y estudios en su comité de dirección a un joven abogado del Estado. Rompió todos los pronósticos, y afrontó un proceso decidido de rejuvenecimiento en sus cuadros directivos.

 

Ese proceso ha culminado con la elección de su nuevo consejero delegado, Javier Marín. Las gentes del Santander elogian sin disimulo el nuevo aire que trae Marín, y su liderazgo concita el elogio de todos. Dicen que es modelo de cercanía, coraje y responsabilidad. Pues bien, en buena parte esos parabienes también le corresponden a Emilio Botín. Al fin y al cabo, él ha sido quien lo eligió.

 

El presidente supo leer los nuevos tiempos. Creyó en el poder de la Universidad como motor de cambio y desarrollo, y la apoyó sin titubeos. En ocasiones, con resultados más efectivos que el de las políticas de muchos gobiernos.

 

Emilio Botín deja un legado inmenso. Sobretodo mucho capital intelectual. Su figura está unida a la de la formación de miles de personas, profesionales y universitarios, europeos y americanos

A toda esa gente que integra la familia del Santander llegue nuestro más cálido abrazo. Emilio Botín afronta su último vuelo, para realizar su más importante rendición de cuentas. Buen viaje, presidente.

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